El refugio

Llega atravesando vagones, con un papel en la mano, invitando a leerlo a quienes a esa hora se cruzan en su viaje. Tiene cerca de 80 años y camina despacio pero con paso firme, con unos pantalones grises y una fina camisa de un tono bosque primaveral.

Ha recorrido la mitad del metro con una hoja en la mano, invitando a la gente a leer, a firmar, a escuchar que la UE y Turquía han firmado un acuerdo que sigue levantando fronteras para las personas refugiadas. Solo invita a escuchar, a firmar, a leer. Todo gratis. Pero nadie escucha, nadie lee, nadie firma. Nadie grita. Nadie explota. No da crédito y solo alcanza a criticar la deshumanización y el egoísmo de magnitudes para él desconocidas.

Tres jóvenes leemos el documento que nos ofrece y dejamos nuestra tenue impronta sobre el papel. Nos lo agradece y continúa su desolado viaje bajo tierra. Sigue avanzando y contando lo que está pasando, las detestables decisiones políticas que arrastran a la desolación a miles de personas. Sigue deambulando sin rumbo fijo, entre miradas sordas, cabizbajas, sombrías, miradas cerrojo que le ven marchar mientras piensan: ‘Uno más’.

Mamar

No somos las monedas de cambio del animal
sino trenes descarriados que no
quieren llegar a su destino
como si no hubiera final
ni destino alguno
No queremos trajes
tacones ni vestidos de flores
solo darles de mamar un poco de esa
grandiosa
dignidad

Ratas (I)

Tengo una bandada de sucias ratas en el estómago que no paran de moverse rápido. Escucho el sonido amenazador de sus dientes, sus patas arañan las paredes y van alimentándose de toda esa comida que les llega a través del esófago. Ñam, ñam. Desde hace tiempo, estas criaturas ágiles recorren mi cuerpo y saltan por una y otra capa con mucha ligereza. Desde hace tiempo, se reproducen.

Hacia el sur, más y mejor

Existen tantas alternativas
como podamos imaginar
el reto es
imaginar más
imaginar mejor

Las rocas

La niña se asoma
con su cinta azul bien colocada
la miro, me mira,
nos reconocemos
Pero la casualidad no seduce
y ella se marcha a la cueva
de la que hace tiempo llegó
Antes de irse me deja un regalo:
la maravillosa
conciencia
de lo perdido

Carne

Crezcamos con el viento sobre nuestras cabezas
con los frutos en el regazo
y los lobos hambrientos lejos
de tu carne aún tierna,
de mi carne agrietada

Titirilandia

Imagino a los dos titiriteros de Tetuán, en su celda, conversando con otros presos.

-¿Y tú por qué estás aquí?- le preguntan al compañero más cercano.

-Porque maté a mi esposa después de violarla y quemarla en repetidas ocasiones. La verdad es que se me fue la mano, porque ese día no pretendía pasar de los insultos. Pero me tenía muy harto y al final uno no sabe controlarse y pasa lo que pasa. En fin. ¿Y vosotros?

-Por hacer un  teatro de títeres.